lunes, 18 de marzo de 2013

EL CAMBIO ES POSIBLE (1 de 5) [José Martí]



No tenemos la exclusiva de los problemas. Ciertamente, se nos puede pasar, a veces, por la mente, que los demás no tienen problemas; y que si los tienen, son pequeñeces. Nosotros sí que sabemos lo que son verdaderos problemas... Este pensamientoes enfermizo, y no se corresponde con la realidad de las cosas. Aunque, dicho sea de paso, quien así piense, sí que tiene un grave problema, no tanto el problema que cree  tener (por importante que éste sea) cuanto el hecho de razonar de este modo tan ridículo.

Los que proceden de esta manera suelen darse el aire de mártires e incomprendidos; y, sin embargo, lo que hay en la mayoría de estos casos, si se profundiza un poquito, tiene un nombre: es, sencillamente, soberbia. El sujeto en cuestión se mira excesivamente a sí mismo como si fuese el centro del Universo, como la única referencia importante a tener en cuenta. Sólo vale lo que a él le ocurre y lo que a él se le ocurre. Todo lo demás, todo lo que no pase por el tamiz de su cerebro, todo lo que su mente rechace, no tiene ningún valor... Así, sin más.


Este error, como todos los errores, más tarde o más temprano (más bien temprano que tarde) siempre pasa factura. El ejemplo citado más arriba es sólo una muestra que indica, por otra parte, muy poca inteligencia en el que así razona. Se podrían citar ejemplos mucho más serios y  muy actuales, de gente supuestamente inteligente (o sea, que se las dan de inteligentes), afirmando auténticos disparates y contradicciones, como si tal cosa, sin el menor rubor. Y apoyados, en sus mentiras y dislates, por el gran público, por una sociedad que se ha vuelto completamente loca.

Y así se ve como algo normal cosas tan aberrantes como el matrimonio entre homosexuales, (¡no hay tal matrimonio!), la legalización  del aborto (¡un crimen no puede ser nunca legal!), el adoctrinamiento de los niños en la ideología de género (¡mentira radical acerca de la naturaleza humana), etc... Todos estos engendros tienen algo en común; y es el considerar que sólo está bien aquello que el hombre (¡unos cuantos hombres, en realidad..., los que están arriba!)  decide que está bien (si es que tiene algún sentido hablar de bien o de mal desde esta perspectiva), sin otra referencia que él mismo, sus apetencias en cada momento. Es lo que se ha llamado Dictadura del relativismo. En otras palabras: de nuevo lo único que prima es la soberbia, el mirarse el propio ombligo, el no pensar en los demás si no es para sacaralgo de ellos. O dicho aún más claramente y de un modo más radical y definitivo: la ausencia completa de amor. Éste (y no otro) es el gran mal que nos asola.


Este modo de ser, como actitud vital, tan frecuente hoy, por desgracia, es tremendamente perjudicial. Perjudica, en primer lugar, al propio sujeto, impidiéndole progresar y crecer como persona, al ser incapaz de reconocer sus defectos, pues su egose lo impide. Y en segundo lugar, aquellos que son así hacen sufrir mucho, consciente o inconscientemente, a quienes los aprecian y los quieren de verdad, gente que está siempre dispuesta a ayudarles ..., si se dejaran ayudar (lo que es muy raro que ocurra).

El empobrecimiento personal al que llega el sujeto que procede así es mucho mayor de lo que pudiera parecer a una simple mirada superficial. ¿Por qué? Pues porque, siendo de este modo, se incapacita para "comunicarse", de verdad, con los demás; se hace incapaz de tener auténticas relaciones humanas. La cerrazón que se produce en él es de tal calibre que se va asfixiando paulatinamente, impidiéndose  a sí mismo el desarrollo de su personalidad: cada vez es más incapaz de salir de su propio "yo", porque el caparazón que le recubre se va endureciendo a medida que pasa el tiempo, haciendo prácticamente imposible el dar marcha atrás: incluso aunque lo quisiera, no podría.

Pues bien: si, por un casual, llegado ese momento, el sujeto reconsidera su vida y toma verdadera conciencia de lo mal que se encuentra, si se ve completamente perdido y piensa que su vida no tiene remedio y que no merece la pena luchar para cambiar, porque tal cambio es impensable,... ¡Entonces, justamente entonces, es cuando puedevislumbrar, aunque sea muy de lejos, que tal cambio es posible!


Aparentemente estoy incurriendo en una afirmación contradictoria. Y, sin embargo, no hay tal contradicción. Procuraré explicarme. En cierto modo, es relativamente sencillo de explicar, pues si el sujeto en cuestión ha llegado a este punto y se ha hecho consciente de su lamentable situación... es, ahora precisamente, cuando se encuentra en las mejores condiciones para admitir su error y lamentarlo, en lo más profundo de su corazón. Y si esto ocurre, entonces se puede decir, con verdad, que acaba de dar un paso de gigante para el posible cambio; se ha situado en el camino que podría hacer efectivo dicho cambio. Esto es muy importante. No es aún suficiente, pero es fundamental y condición necesaria para que dicho cambio pueda operarse en él y transformarlo.

(Continuará)

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